Interpreto el concepto de la ética deportiva como la verdadera lealtad en el terreno de juego, a los compañeros, al adversario, con el árbitro y, sobre todo, con uno mismo. Deberíamos trabajar activamente en fomentar estos principios, porque creo que los valores en los que se fundamenta son muy útiles para los jóvenes de hoy que aprenden, en el terreno de juego y en el vestuario, a enfrentarse a la vida y a conocer y practicar las reglas de la convivencia social. Lo que el deporte enseña siempre le va a ser muy útil para llegar a ser un buen ciudadano. La ética deportiva es un elemento fundamental para la consolidación de las relaciones interpersonales que el deporte fomenta.
Yo destacaría el mensaje del barón Pierre de Coubertin, que propone crear para el deportista un estilo de vida basado en la satisfacción del esfuerzo, el valor educativo y del ejemplo y el respeto de los principios éticos fundamentales y universales que regulan nuestra convivencia.
Esto no es algo pasado. Hoy podemos constatar que nuestra juventud reclama valores sólidos en los que apoyarse y desarrollar su generosidad y su energía. Un claro ejemplo es el de nuestro tenista Rafael Nadal al finalizar la final de la Copa Davis en Sevilla. En ese momento, abandonó a sus compañeros de equipo en la celebración de la victoria española sobre Argentina para acudir a animar a su rival Del Potro.
Es necesario insistir en los elementos esenciales que constituyen la ética deportiva. Muchos de los valores sociales se aprenden en el vestuario: el deporte es tolerancia y generosidad, nos enseña a desarrollar la solidaridad y la amistad. Gracias al deporte rechazamos la discriminación y aprendemos a ejercitar el respeto hacia los demás.
La ética deportiva debe ser global, se sustenta en valores muy sólidos, como la salud del deportista. Debemos ser inflexibles en la lucha contra el dopaje, el consumo de drogas y demás plagas que acechan la salud de los atletas y de la juventud en general.
Juan Ángel Gato, Presidente del Coplef de Madrid