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Estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona

25/05/2022

El sedentarismo es más dañino que el humo y el ruido de los coches

El sedentarismo es más dañino que el humo y el ruido de los coches Un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona señala que los beneficios de la gran descenso de la contaminación durante el encierro de 2020 no compensaron los perjuicios de la disminución del ejercicio físico. Los autores señalan que el sedentarismo siguió siendo más dañino para la salud de los ciudadanos que el humo y el ruido de los coches.

Diversas investigaciones han demostrado que el sedentarismo y la contaminación atmosférica y acústica son factores de riesgo y precursores de graves enfermedades, tanto físicas como mentales. Los autores del trabajo quisieron saber cuál de estos factores era más dañino para la salud.

El equipo de trabajo, liderado por Sarah Koch, aprovechó la situación inédita del confinamiento europeo de 2020 para investigar cómo afectan a la salud las situaciones de emergencia. Para ello, tomaron tres referencias: Barcelona (con un encierro estricto), Viena (con un confinamiento intermedio y flexible) y Estocolmo (con las medidas más laxas del continente, basadas en la voluntariedad y la responsabilidad individual).

Seleccionaron tres variables: el nivel de actividad física y las tasas de dióxido de nitrógeno (NO2, el principal tóxico atmosférico) y de ruido ambiental. Por último, calcularon antes, durante y después de los encierros la evolución en cada ciudad de cuatro enfermedades muy vinculadas, para bien o para mal, a estos tres factores de riesgo: Infarto, ictus, depresión y ansiedad.

Meses de estudio después, tuvieron dos certezas generales. La primera, que cuanto más estricto y largo es el confinamiento más fuerte es el descenso de las variables estudiadas (actividad y contaminación). Y, la segunda, más sorprendente, que el daño a la salud que provoca un sedentarismo extremo es mayor que los que causan a nuestro organismo el humo y el ruido de los tubos de escape y el tráfico.

Sarah Koch explica que “pese a las diferencias observadas en las tres ciudades, hay un patrón que se repite. Los beneficios de salud que derivarían de la mejora de la calidad del aire y del ruido, conseguida en las tres capitales, no lograrían compensar los efectos profundamente negativos de la caída en los niveles de actividad física”.

El sedentarismo se mostró como la variable que más negativamente impacta en la salud de las tres estudiadas. Se vio en Barcelona, donde en los meses del encierro se detectó un desplome del 95% de la actividad física media de sus vecinos. Si esta tasa cercana a cero hubiese durado un año habría disparado en el 10% los infartos e ictus, el 12% los cuadros de ansiedad y el 8% las depresiones. La caída a la mitad de la tasa de NO2 del aire (irrepetible hasta que triunfe el coche eléctrico) y una reducción del ruido ambiente en nada menos que cinco decibelios, algo difícil de repetir, solo pudieron contrarrestar el aumento de nuevos pacientes que habría ocasionado un año de semejante inactividad.

Algo muy similar ocurrió en Estocolmo, donde un retroceso de la actividad física del 42% engulló las saludables ventajas del descenso del ruido en dos decibelios y del 9% de tóxicos del aire.

En Viena, pese su confinamiento blando, la caída de la actividad física alcanzó el 76%. Este dato, acompañado de una reducción significativa de la contaminación, pero más moderada que en Barcelona (22% menos de NO2 y caída de un decibelio), disparó las enfermedades. La proliferación del sedentarismo hizo que, aún descontados los beneficios de un aire mucho menos tóxico y de menor estrépito, el número de pacientes graves subiese diez puntos. El peor balance de los tres modelos.

Además de la obvia influencia perversa de una vida sedentaria, lo que también resulta claro con los datos de la Ciudad Condal es el enorme beneficio para la salud de reducir al mínimo la polución y el estruendo del tráfico. El inédito descenso registrado en ambos parámetros habría reducido un 5% y un 6% los diagnósticos de infartos e ictus y un 11% las depresiones si el encierro se hubiese prolongado un año.

Las dos evidencias hacen que Mark Nieuwenhuijsen, otro experto del equipo del IS Global de Barcelona, concluya que “los resultados muestran los beneficios que se obtendrían si se aplican políticas de planificación urbana que permitan reducir notablemente la contaminación del aire y el ruido y, al mismo tiempo, fomenten la actividad física y el contacto con espacios verdes”.

Para acceder al estudio completo (en inglés), pinche aquí.

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