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Estudio del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo

27/01/2014

El ejercicio físico en las personas mayores retrasa su envejecimiento

El ejercicio físico en las personas mayores retrasa su envejecimiento El Centro Andaluz de Biología del Desarrollo realizó un estudio sobre la actividad física en los mayores. Los resultados señalan que su práctica incrementa la coenzima Q10 y la actividad antioxidante en sangre, retrasando el envejecimiento.

Los investigadores realizaron un análisis sobre el efecto del ejercicio en parámetros bioquímicos relacionados con la prevención de la oxidación del colesterol en sangre. Se formaron dos grupos: uno formado por personas de ambos géneros y de edades comprendidas entre los 19 y 25 años y otro con personas alrededor de los 68 años.

El estudio consistió en establecer la actividad física habitual semanal de estas personas y relacionarlo con parámetros bioquímicos en sangre que afectan a la salud general tales como colesterol y triglicéridos. Igualmente, se determinó el efecto del ejercicio físico sobre parámetros antioxidantes en la sangre relacionados con la prevención de la oxidación de las lipoproteínas de alta (HDL) y baja densidad (LDL). La coenzima Q10 es uno de los factores principales en la defensa antioxidante del colesterol en plasma, tanto del HDL como del LDL y, especialmente en el caso del LDL, en la prevención de problemas cardiovasculares asociados al desarrollo de la aterosclerosis.

Los expertos encontraron que las personas responden de manera diferente a los niveles de coenzima Q10 y al daño oxidativo en el plasma sanguíneo dependiendo de su edad. Mientras que los jóvenes que mantienen una alta actividad física presentan un menor daño medido como oxidación del colesterol en la sangre, pero con un menor nivel de esta coenzima en ella, las personas mayores presentan un perfil contrario, es decir, sus niveles de la Q10 en la sangre suben cuando mantienen una mayor actividad física y así mantienen un menor nivel de oxidación de lípidos y de colesterol LDL.

En segundo lugar, se estableció que la práctica de la actividad física en las personas mayores previene el daño oxidativo manteniendo altos niveles de coenzima Q10 en su sangre, similares a los de las personas jóvenes. Así, en personas mayores sedentarias, los niveles fueron del orden de la mitad respecto a las personas mayores que mantenían una mayor actividad física.

Esto provoca que la cantidad de coenzima Q10 disponible para ser utilizado en la prevención del daño oxidativo sea mayor en las personas mayores que mantienen una alta actividad física y, por tanto, presenten una mayor protección antioxidante. De hecho, se obtuvo una relación inversa respecto al daño oxidativo, es decir,  mayores niveles de coenzima Q10 en la sangre de estas personas estuvieron relacionados con menores niveles de oxidación de lípidos y, en especial, de LDL. Así, mientras que la oxidación de estas partículas aumenta con la edad, las personas mayores que mantienen una alta actividad física mantienen niveles similares a los encontrados en personas de edades comprendidas entre los 18 y los 25 años.

De acuerdo con los resultados, Guillermo López-Lluch, investigador asociado del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo, señaló que "la respuesta fisiológica de las personas frente al ejercicio depende de su edad, y este estudio muestra que es importante centrar los trabajos en el grupo de edad al que va dirigido, en este caso las personas mayores, ya que la respuesta puede diferir entre personas mayores y personas jóvenes o maduras".

Igualmente, reseñó que "la investigación demuestra que el mantener una moderada o alta actividad física a edades avanzadas influye de una manera muy positiva en la prevención de los problemas cardiovasculares, no solo a nivel vascular como se ha demostrado en otros estudios, sino también en la regulación de los sistemas antioxidantes que influyen en el progreso de la aterosclerosis".

El estudio indica la importancia que la coenzima Q10 tiene para prevenir la oxidación del colesterol en la sangre y que los niveles de este importante lípido pueden ser regulados mediante hábitos de vida activos. “Un estilo de vida sedentario está afectando de forma negativa a la capacidad antioxidante natural en la sangre y provocando una mayor oxidación del colesterol en la sangre; la adquisición de hábitos de vida más activos influirá muy positivamente en los mecanismos propios del cuerpo para prevenir el daño oxidativo en el colesterol y, por tanto, en la prevención de la aparición o progreso de enfermedades cardiovasculares", añadió.

Este trabajo, financiado por el Centro Andaluz de Medicina del Deporte de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, aporta una pieza más, concluyó López-Lluch, para incidir en "la importancia que terapias preventivas basadas en la adquisición de hábitos de vida más saludables relacionados con la nutrición y la actividad física tienen en la prevención y tratamiento de enfermedades que afectan a grandes grupos de población y en especial a personas mayores, como la aterosclerosis".

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