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Estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona

03/08/2017

La actividad física en preescolar mejora la memoria para la ESO

La actividad física en preescolar mejora la memoria para la ESO Científicos del Instituto de Salud Global de Barcelona descubrieron que adolescentes que habían sido físicamente activos en su etapa de preescolar tienen mejor memoria que aquellos que eran menos dinámicos. Los expertos recomiendan el fomento de la práctica deportiva en la infancia para mejorar el aprendizaje durante la ESO.

La memoria de trabajo es una capacidad fundamental en el aprendizaje que permite retener en la cabeza durante un tiempo corto diversos datos, ya sea para resolver un problema o para manipular diferentes informaciones y llegar a una conclusión.

El estudio, publicado en la revista científica The Journal of Pediatrics y ha demostrado que este tipo de memoria mejora significativamente en los adolescentes que fueron activos físicamente en edades tempranas.

En la investigación han participado 1.400 escolares de Menorca, Sabadell, Gipuzkoa y València, por lo que los resultados, creen los investigadores, son realmente extrapolables a cualquier zona de España.

Este trabajo se enmarca dentro del proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente), en el que se sigue a más de 4.000 niños desde el embarazo y a los que, cada dos años, se evalúan diferentes aspectos de salud, estilo de vida, exposición a contaminantes y análisis de sangre y de cabello.

En esta ocasión se pidió a las familias que explicaran cuánto tiempo dedicaban al día sus hijos a los seis años (a los cuatro en el caso de Menorca) a actividad física extraescolar. Y a los 14 años (a los siete en el caso de Menorca) se convocó a los mismos niños y se les pasó un test que mide la memoria de trabajo y que se puede hacer en la pantalla, comprobando así la rapidez en la de respuesta. 

Los niños tenían que pulsar una tecla cuando se repitiera el penúltimo número. Mònica López-Vicente, psicóloga, doctora en Biomedicina del ISGlobal y principal autora del estudio, explicó que “se trata de una prueba sencilla pero muy eficaz para medir esa capacidad de recordar durante un tiempo un estímulo y había una diferencia significativa en la mitad de niños y niñas que habían tenido más actividad física a los seis años. Las diferencias son importantes a medida que crecen, más a los 14 años que a los siete”.

La investigadora añadió que “esa relación positiva entre actividad física y mejor actividad cerebral ya es conocida, pero al hacer un estudio longitudinal podemos saber que hay una relación causal, que más actividad física en la infancia tiene un impacto positivo en la capacidad de aprendizaje de los adolescentes y eso supone que promoverla en edades preescolares influirá en la salud pública”.
Ninguno de los resultados, positivos o negativos, tiene valor individualmente. “Nadie diagnosticaría por estas pruebas que ese niño en concreto tiene un problema de algún tipo”, señaló otro de los participantes en el estudio, Joan Forns. Lo importante del hallazgo es que demuestra que ese factor estudiado influye en el desarrollo cognitivo en edades posteriores.

Una parte complicada del trabajo era que las familias midieran la actividad física de pequeños que no están apuntados aún a ningún deporte u otra actividad organizada. Prácticamente se referían al conjunto de su tiempo libre en el parque. Pero por término medio los preescolares pasaban dos horas a la semana activos físicamente, al margen de la escuela. Los que estaban por debajo de esa mediana tuvieron peores resultados en su prueba de memoria de trabajo.

Entre niños y niñas hay diferencias, ellos pasan más tiempo activos. También ven más televisión, pero según el análisis de ISGlobal esa circunstancia no influyó en los test de memoria de trabajo que hicieron años después. Sí se ha podido ver una relación negativa, una memoria más pobre, entre los niños varones más sedentarios. “No sabemos cómo explicar esa diferencia entre niños y niñas. Puede que las actividades sedentarias de los niños sean más homogéneas y las de las niñas más diversas, o que haya actividades sedentarias que jueguen a favor de la memoria de trabajo”, indicó López-Vicente. Lo que es seguro es que una mayor actividad física extraescolar a los seis años tiene un impacto positivo en el rendimiento intelectual de los adolescentes.

Para acceder al estudio (en inglés), pinche aquí.

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